Autoconocimiento
Septiembre 2, 2007 at 6:11 pm (Nies Pabar)
A los que estaban interesados en mejorar, Sócrates les decía: “Conócete a ti mismo”. Es una frase fácil de pronunciar, pero aunque no sea la cosa más fácil que podamos hacer en esta vida, la astrología, con su simbología planetaria nos puede ayudar a realizar ese sueño de conocernos a nosotros mismos si tenemos siempre presente sus límites, al igual que cualquier otra ciencia.
Nadie es fácil de entender porque el ser humano se caracteriza por ser complejo, difícil, complicado, contradictorio, variable, inaguantables… con características y manías a cada cual más diferentes. Esto hace posible que los patrones o modelos humanos sean inexistentes y que nadie consiga conocerse del todo. De aquí, surgió el mito, el ideal, la necesidad de un modelo que se ajuste al ideal y al cual poder imitar o seguir.
Aunque en astrología disponemos de la tipología planetaria para clasificar a los diferentes individuos, no es fácil extraer los numerosos rasgos de la carta porque sabemos que existen una multitud de factores astrológicos a la hora de explicar un carácter: (10 planetas + el Nodo) x 12 casas x 12 signos x 5 aspectos = lo que hace un total de 7920 diferencias posibles en principio, sin tener en cuenta de que cada ser humano es distinto.
Para hacernos una idea, sería imposible analizar todos los componentes de una carta como sería imposible hacerlo con cualquier otra cosa. Podríamos poner como ejemplo el significado de un hombre cualquiera que pasea a un perro cualquiera: es un hombre adinerado porque debe alimentar, vacunar, limpiar y cuidar a su perro; es amante de los animales; le gusta la tranquilidad junto a los animales; prefiere la compañía animal porque se entiende muy bien con ellos; porque es presona de difícil convivencia; es muy afectuoso con los animales; es un burgués; se siente muy apegado a la naturaleza; es muy sensible a la naturaleza animal… y dentro de todas las formas posibles podríamos continuar hasta el infinito solamente variando el tipo de dueño, de animal, de elementos, etc. Esto sería la interpretación del binomio hombre-perro. No sería lo mismo una persona con un dóberman que con un dálmata; el nivel social que posee, la ropa que viste…
La simbología planetaria es así, pues se puede extender hasta el infinito a la hora de analizar, por ejemplo, Urano en la Casa VI o en Escorpio. Analizando los componentes de una carta astral podemos llegar a conclusiones extrayendo la idea principal de cada aspecto: El signo solar, los aspectos que recibe el Sol, el regente del Sol, los aspectos que recibe, el ascendente y su regente, los planetas que se encuentran en el ascendente y los aspectos que reciben. No debemos olvidar que la Luna es la indicadora del ámbito emocional de la persona, así como el resto de las configuraciones planetarias y los aspectos que les unen.
El modo de proceder ha de ser detallado y no debemos ceñirnos únicamente al análisis del Sol, el signo o el ascendente si queremos esquematizar una personalidad. Aun así, nos sorprenderá la cantidad de facetas que encontramos y lo fructífero que puede ser este descubrimiento. A lo largo de una vida, no todas las facetas de una persona se pueden manifestar, pero irán apareciendo, según las influencias planetarias, una u otra faceta por el efecto que los tránsitos planetarios producirán a lo largo de nuestra vida, despertando esas facetas que llevamos latentes en nuestro interior. Esto explica que una persona exteriorice a lo largo de su vida una serie de inquietudes que eran únicamente potenciales, porque la influencia planetaria se ha encargado de despertar y el individuo de desarrollar o exteriorizar.
Es muy interesante el estudio de las previsiones y de los futuros ciclos de cada ser humano, pero ante todo hay que comprometerse profundamente en el estudio psicológico para saber cómo actuará una persona frente a las influencias que le afectan en un momento de su vida. Hay personas que son más receptivas a uno u otro planeta o incluso a todos o a ninguno, según si la persona está en armonía con las energías de determinado planeta, si trata bien a su cuerpo, si está en armonía con las leyes del sentido común, si en defintiva se cuida o no. Este es un factor fundamental a la hora de estar receptivos a las influencias planetarias y a recibir las diferentes influencias.
Nadie es fácil de entender porque el ser humano se caracteriza por ser complejo, difícil, complicado, contradictorio, variable, inaguantables… con características y manías a cada cual más diferentes. Esto hace posible que los patrones o modelos humanos sean inexistentes y que nadie consiga conocerse del todo. De aquí, surgió el mito, el ideal, la necesidad de un modelo que se ajuste al ideal y al cual poder imitar o seguir.
Aunque en astrología disponemos de la tipología planetaria para clasificar a los diferentes individuos, no es fácil extraer los numerosos rasgos de la carta porque sabemos que existen una multitud de factores astrológicos a la hora de explicar un carácter: (10 planetas + el Nodo) x 12 casas x 12 signos x 5 aspectos = lo que hace un total de 7920 diferencias posibles en principio, sin tener en cuenta de que cada ser humano es distinto.
Para hacernos una idea, sería imposible analizar todos los componentes de una carta como sería imposible hacerlo con cualquier otra cosa. Podríamos poner como ejemplo el significado de un hombre cualquiera que pasea a un perro cualquiera: es un hombre adinerado porque debe alimentar, vacunar, limpiar y cuidar a su perro; es amante de los animales; le gusta la tranquilidad junto a los animales; prefiere la compañía animal porque se entiende muy bien con ellos; porque es presona de difícil convivencia; es muy afectuoso con los animales; es un burgués; se siente muy apegado a la naturaleza; es muy sensible a la naturaleza animal… y dentro de todas las formas posibles podríamos continuar hasta el infinito solamente variando el tipo de dueño, de animal, de elementos, etc. Esto sería la interpretación del binomio hombre-perro. No sería lo mismo una persona con un dóberman que con un dálmata; el nivel social que posee, la ropa que viste…
La simbología planetaria es así, pues se puede extender hasta el infinito a la hora de analizar, por ejemplo, Urano en la Casa VI o en Escorpio. Analizando los componentes de una carta astral podemos llegar a conclusiones extrayendo la idea principal de cada aspecto: El signo solar, los aspectos que recibe el Sol, el regente del Sol, los aspectos que recibe, el ascendente y su regente, los planetas que se encuentran en el ascendente y los aspectos que reciben. No debemos olvidar que la Luna es la indicadora del ámbito emocional de la persona, así como el resto de las configuraciones planetarias y los aspectos que les unen.
El modo de proceder ha de ser detallado y no debemos ceñirnos únicamente al análisis del Sol, el signo o el ascendente si queremos esquematizar una personalidad. Aun así, nos sorprenderá la cantidad de facetas que encontramos y lo fructífero que puede ser este descubrimiento. A lo largo de una vida, no todas las facetas de una persona se pueden manifestar, pero irán apareciendo, según las influencias planetarias, una u otra faceta por el efecto que los tránsitos planetarios producirán a lo largo de nuestra vida, despertando esas facetas que llevamos latentes en nuestro interior. Esto explica que una persona exteriorice a lo largo de su vida una serie de inquietudes que eran únicamente potenciales, porque la influencia planetaria se ha encargado de despertar y el individuo de desarrollar o exteriorizar.
Es muy interesante el estudio de las previsiones y de los futuros ciclos de cada ser humano, pero ante todo hay que comprometerse profundamente en el estudio psicológico para saber cómo actuará una persona frente a las influencias que le afectan en un momento de su vida. Hay personas que son más receptivas a uno u otro planeta o incluso a todos o a ninguno, según si la persona está en armonía con las energías de determinado planeta, si trata bien a su cuerpo, si está en armonía con las leyes del sentido común, si en defintiva se cuida o no. Este es un factor fundamental a la hora de estar receptivos a las influencias planetarias y a recibir las diferentes influencias.
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